Monasterio de San Juan de los Reyes

Muchos lo consideran uno de los templos góticos más bellos de España. Concebido como el lugar donde se enterrarían los Reyes Católicos, su majestuosidad no deja indiferente a nadie. Pasear por el interior de sus muros es empaparse de la historia de nuestro país y descubrir la entrega de los monarcas a San Juan. La vida monacal en San Juan de los Reyes es una de sus señas de identidad. El silencio y tranquilidad que se respiran en todas sus estancias ayudan a abstraerse de la bulliciosa ciudad.

El monasterio de San Juan de los Reyes fue mandado construir por los Reyes Católicos en la ciudad de Toledo, en acción de gracias por la victoria en la batalla de Toro de 1476. En ella quedó zanjada definitivamente la guerra por la sucesión al trono a favor de la princesa Isabel, hermana del rey difunto Enrique IV, ya casada con Fernando, frente a los partidarios de Juana, la hija del matrimonio ilegítimo del rey, su sobrina y ahijada de bautismo. Isabel defendió hasta el final su derecho al trono por cuestiones de legitimidad y conveniencia para Castilla.

En 1479 el monasterio recibe el nombre de “San Juan de Portalatyna”, una particular advocación de san Juan Evangelista, quien según su leyenda sufrió martirio por orden de Domiciano, en una tina de aceite hirviendo frente a la Puerta Latina de Roma. La reina solicitó y obtuvo del papa un jubileo especial para el día de San Juan ante Portam Latinam. Después pasó a llamarse de los santos Juanes. Con el tiempo, al haber sido una empresa impulsada por la reina, San Juan de la Reina. Finalmente, el monasterio ha pasado a la historia como San Juan de los Reyes.

El claustro acoge un jardín síntesis del paraíso terrenal poblado de especies que originalmente buscaron evocar el Jardín del Edén. Hoy, arrayanes, ciprés, naranjo, granado y otras especies perfuman el aire con sus aromas y proporcionan a la piedra atractivas notas de color. Dividido en cuatro partes, reflejo de las cuatro partes del mundo y en el centro el pozo de agua, rememora hortus conclusus o huerto cerrado medieval, alegoría de la virginidad de María.

A finales del siglo XIX, a instancias del gobierno estatal, se emprende una restauración integral dirigida por el arquitecto Arturo Mélida, quien también dará las trazas para la Escuela de Artes en el solar del segundo claustro desaparecido. Arquitecto, pintor, escultor y diseñador, Mélida reemprenderá una subjetiva restauración, desde la admiración al monumento, en un neogótico con tintes del romanticismo historicista.

El paseo sosegado por sus pandas regala toda la belleza de sus filigranas en piedra y reserva numerosas sorpresas en representaciones humorísticas de animales: dragones, simios, aves fantásticas… talladas por el escultor toledano Cecilio Béjar, quien también trabajó hasta 1967 en la restauración de las imágenes de los santos que pueblan el claustro bajo. Especial ingenio se despliega en las gárgolas, ejemplares únicos y llenos de fantasía.

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Calle Reyes Católicos 17, Toledo, 45002, España
45002
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