Museo Sefardí
El origen de este espectacular edificio se remonta al siglo XIV, momento en que fue mandado erigir por Samuel ha-Leví, importante figura de la época, que ocupó diversos cargos de gran relevancia en la corte del rey Pedro I de Castilla, como por ejemplo, Oidor de la Audiencia, Diplomático o Tesorero real.
Con la expulsión de los judíos en 1492, los Reyes Católicos cedieron la Sinagoga a la Orden de Calatrava a cambio de algunas de sus posesiones, como fueron el Alcázar y los Palacios de Galiana con su iglesia de Santa Fe.
Dos años más tarde, el edificio pasó a formar parte del Priorato de San Benito. En este momento se producen las primeras modificaciones y se emplean la zona que ocupaba la escuela rabínica y la Galería de Mujeres como hospital y asilo a los caballeros calatravos, y la Gran Sala de Oración pasa a ser templo cristiano y lugar de enterramiento, apareciendo en la documentación como Iglesia de San Benito.
Durante el siglo XVI, dejó de ser hospital y asilo para convertirse exclusivamente en iglesia. En esta época se produjeron varias modificaciones arquitectónicas, construyéndose una puerta de entrada a la sacristía, así como un arcosolio empotrado utilizado para dar culto a una imagen de la Virgen, ambos de estilo plateresco. Se adosó un retablo al cuerpo central del antiguo hejal y se colocó el altar principal sobre el primitivo suelo de la sinagoga. La antigua Galería de Mujeres se tapió y pasó a ser utilizada como vivienda. Asimismo, se colocó un entarimado de madera para el coro en el lado Oeste.
En 1877 fue declarada Monumento Nacional y desde entonces y hasta 1910 se llevaron a cabo una serie de restauraciones para paliar el mal estado del edificio.
En 1910, se confía la antigua Sinagoga al Patronato del Museo del Greco, regido por el marqués de la Vega-Inclán, que procede a su restauración según los criterios de la época. Así, desde 1910 a 1968, la Sinagoga estuvo bajo la protección y custodia de las Fundaciones Vega-Inclán, realizándose en los años 60 la última restauración, antes de su inauguración como Museo, en la que se hizo desaparecer la antigua sillería coral colocada en la época del Marqués, se repararon yeserías, solados, carpintería y se añadió a las paredes una tapicería en seda que imita tejidos del Monasterio de las Huelgas en Burgos.
En 1968 el Museo Sefardí fue declarado “Museo Nacional de Arte Hispanojudío”, y en 1969 la Sinagoga del Tránsito se desvinculó de las Fundaciones Vega-Inclán, organismo que la había gestionado desde principios del siglo XX, comenzando su trayectoria como centro independiente.
En 1971 el museo abrió sus puertas al público y desde entonces ha sido objeto de varias mejoras, llevándose a cabo un plan de remodelación integral del edificio para adaptarlo a las necesidades museológicas actuales, así como un nuevo proyecto museológico y museográfico.
Por ello se han ido realizando obras arquitectónicas, restauraciones de las yeserías y artesonado, y excavaciones arqueológicas, con el fin de paliar la diversidad de actuaciones sufridas por el edificio a lo largo del tiempo y permitir que la Sinagoga forme parte del nuevo Museo como la principal pieza de su colección.
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